MENSAJE DE FIN DE AÑO DE SU EXCELENCIA JOSÉ EDUARDO DOS SANTOS, PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE ANGOLA

LUANDA, 29 /12 /2008

PUEBLO ANGOLEÑO,-

QUERIDOS COMPATRIOTAS,-

Ha pasado más de un año y, como es habitual en estas fechas, deseo compartir con todos ustedes algunas reflexiones sobre el período que acabamos de vivir y sobre el futuro que se abre ante nosotros.

En este año de 2008 hemos asistido a la participación masiva y ejemplar de los ciudadanos en las Elecciones Legislativas y tenemos ahora la seguridad de que la gran mayoría de los Angoleños apoya sin reservas la política de reconstrucción nacional y de desarrollo en curso.

Para la completa normalización de la vida política nacional nos falta ahora aprobar la nueva Constitución de la República y celebrar Elecciones Presidenciales.

Esta participación consciente del ciudadano común en la vida nacional ha sido importante, y deseamos que se complemente con la revalorización de su posición en el seno de su familia, de su trabajo y de su comunidad más próxima, de modo que creemos una sociedad más justa y equilibrada.

Un país está hecho de personas, comprendidas tanto en su individualidad como en su papel de agentes sociales.

Por esa razón, es importante que los actuales avances políticos, económicos e institucionales de la Nación se dejen sentir también en el plano social y en el plano del cambio de mentalidades.

El estado debe ser un agente dinamizador de a transformación espiritual en particular, debe promover el rescate de los valores éticos y morales perdidos a lo largo de los muchos años de conflicto, que dieron lugar a una mentalidad inmediatista  y egoísta en el seno de nuestra sociedad.

Pero no podrá haber profundos y duraderos si éstos no tienen en su base, como eje central y estructurante, a la familia misma.

No habrá desarrollo real ni modernización del país sin familias estructuradas y saludables, capaces de favorecer el florecimiento de las nuevas generaciones.

Es necesario que el Estado encuentre en la sociedad y en las familias aliados y socios conscientes de la tarea que tenemos en nuestras manos.

Para rescatar la dignidad y la integridad moral y espiritual de nuestras familias, todos los esfuerzos son pocos.

Estamos construyendo una sociedad democrática. En la verdadera democracia existen principios y normas que debemos respetar.

La libertad individual y colectiva y la igualdad de todos ante la Ley, son derechos inviolables que nos permiten actuar y contribuir al bien común.

Pero por cada derecho hay un deber que debe cumplirse con responsabilidad y que no distingue el color, el credo religioso, la filiación partidista, el sexo o la edad del ciudadano.

Tenemos también que rescatar el valor del trabajo y promover el espíritu emprendedor y el reconocimiento de mérito como factores de la transformación económica y de la ascensión social, y como fuente legítima de la prosperidad, cerrando filas contra el gran mal de la corrupción, tanto activa como pasiva.

Queridos compatriotas.

La economía mundial vive la mayor crisis desde los años 30 del siglo pasado.

Las economías más fuertes del mundo han entrado en desaceleración y presentan evidentes señales de recesión.

Así pues, se ha producido una fuerte caída del crecimiento de la actividad económica, fundamentalmente en los Estados Unidos de América y en Europa, que está afectado a las economías de los países africanos.

Los ingresos de estos países están disminuyendo significativamente, porque las economías más desarrolladas están consumiendo cada vez menos  materias primas.

Ha aumentado la oferta de esos productos en el mercado y sus precios están bajando.

En nuestro caso, el precio del petróleo y de los diamantes ha estado bajando mucho, exigiendo de nuestro Gobierno acciones que requieren el reajuste de los Presupuestos Generales del Estado y de algunas metas del Plan Nacional para 2009.

Ese ajuste, sin embargo, no va a modificar la estrategia ni los objetivos establecidos en materia económica y social.

Esto es, el Gobierno hará cuanto esté en su mano para mantener la estabilidad política y macroeconómica y continuará realizando inversiones públicas significativas en la rehabilitación y construcción de infraestructuras, creando empleo y las condiciones para el crecimiento de la producción, teniendo como base el aprovechamiento racional de nuestros recursos naturales y respetando el equilibrio entre la economía y la ecología.

El crecimiento del empleo y la mejora de la remuneración del trabajo harán crecer la demanda y, por esa razón, el Gobierno va a estimular e incentivar la inversión privada en la producción, para aumentar la oferta de bines y servicios, y va también a desarrollar una política adecuada de investigación científica y de formación y gestión de los recursos humanos.

Me estoy refiriendo al estímulo y a los valores y actitudes constructivas de los jóvenes, al aprovechamiento de sus potencialidades intelectuales y a la lucha contra el consumo descontrolado del alcohol, de las drogas y de todas las prácticas antisociales.

Me estoy refiriendo también al fortalecimiento del papel de los padres y de los profesores como agentes fundamentales en la educación y formación de nuestra juventud, que debe asentarse en el conocimiento científico y en el conocimiento de nuestra Historia y de los valores positivos de nuestra cultura.

Los padres y profesores deben estar más presentes, más solidarios y bien preparados para sus responsabilidades comunes.

Me estoy refiriendo a la violencia doméstica, en particular a la violencia contra la mujer, más frecuente y todavía poco denunciada en nuestra sociedad, así como a todas las formas de abuso contra la integridad física y psicológica del niño, que debemos combatir sin vacilar.

Es necesario revisar ciertos hábitos y tradiciones, principalmente en el contexto de la vida urbana, para defender sin reservas el estatuto de la familia bien estructurada, en la que predominen el amor, la comprensión y el respeto mutuo, la cooperación y la igualdad de derechos, y se acepten la planificación familiar y la paternidad responsable.

Tanto en la esfera familiar y en las relaciones económicas y sociales, como en el ámbito de la administración pública, tenemos que defender por encima de todo el principio de que la Ley debe ser respetada por todos, combatiendo tanto el abuso de poder y todas las prácticas ilícitas como la falta de respeto de las jerarquías establecidas.

De este modo, y a pesar de las consecuencias que Angola pueda sufrir  debido a la crisis económica mundial, pretendemos mantener nuestro modelo de desarrollo sostenible y la tendencia de fuerte crecimiento económico, con la generación de empleos y la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos y de las familias angoleñas.

Los logros que ya hemos alcanzado en la reconstrucción física y material de nuestro país son significativos y lo van a ser aún más en los años venideros, si somos también capaces de reconstruir las mentalidades.

Ha llegado la hora de empezar a construir una nueva mentalidad.

Está naciendo un nuevo país, y con él ha florecer también un ciudadano nuevo.

Tengo total confianza en nuestras capacidades para luchar juntos por una ciudadanía plena y activa.

Esta nueva lucha nos exige no solo humildad en el reconocimiento de nuestros errores y limitaciones, sino también empeño y compromiso en el fortalecimiento de nuestras virtudes y cualidades.

Hago aquí un llamamiento a la unión y al trabajo de todos los Angoleños, en la esperanza de que vendrán días más felices.

 

DESEO A TODAS LAS FAMILIAS ANGOLEÑAS UN PRÓSPERO AÑO NUEVO!


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